Nicanor Parra está viejito. Pero siempre tuvo espíritu joven: "Porque es un hecho bien establecido / Que el presente no existe / Sino en la medida en que se hace pasado / Y ya pasó... como la juventud. // En resumidas cuentas / sólo nos va quedando el mañana / Yo levanto mi copa / Por ese día que no llega nunca / Pero que es lo único / De lo que realmente disponemos". El antipoeta sigue disponiendo del futuro y el premio Cervantes que acaba de ganar bien podría disparar una sacudida literaria como la que desató cuando recibió el premio Juan Rulfo hace 20 años: "los premios son /como las Dulcineas del Toboso / mientras + pensamos en ellas / + lejanas / + sordas / + enigmáticas".

El universo internet viene bien para navegar con el antipoeta y divertirse como loco con sus inventos -psiuquitería, envidioses-; sus propuestas (escribir sapo con z en honor a Rulfo) y sus juegos ("x un deudor feliz / cuántos acreedores postergados..."). Bien lo describió Roberto Bolaño: "Parra escribe como si al otro día fuera a ser electrocutado". Y Parra advierte que los electrocutados podemos ser todos: "Durante medio siglo/ La poesía fue/ El paraíso del tonto solemne./Hasta que vine yo / Y me instalé con mi montaña rusa./ Suban, si les parece. /Claro que yo no respondo si bajan/ Echando sangre por boca y narices".